Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

lunes, 21 de marzo de 2016


MI SEGUNDA SERIE MUNDIAL 1962

YANQUIS GANO EL SEPTIMO JUEGO 1-0

Quinta Parte



RALPH TERRY EN HOMBROD

Una noche antes de regresar la Serie Mundial de 1962 a San Francisco con el sexto juego y los Yanquis en ventaja sobre los Gigantes por tres juegos a dos, comenzó a llover consistentemente sobre la gran ciudad en la bahía californiana. Ya desde esa noche funcionó en el mismo hotel que al principio de la serie las reuniones para cronistas y directivos que estábamos en el clásico. Recuerdo que Buck Canel me llegó a comentar que estaban programados varios días de lluvia. Ya en Nueva York la serie se había atrasado un día debido a una suspensión por el agua.
El caso es que por tres días seguidos se volvió a suspender el partido seis. La lluvia seguía cayendo en forma constante y había que tener paciencia. Recuerdo que cuando despertaba en la madrugada me acercaba a la ventana y seguía lloviendo sin parar.
La ventaja es que aunque ya comenzaba a quedarme sin dinero, las cenas a las siete de la noche eran por cortesía  de Ligas Mayores, fantásticos bufetes para los que teníamos el gafete. Recuerdo que cada noche, después de conversar con otros cronistas, me bajaba al lobby del hotel donde alrededor de las nueve un centro nocturno que operaba allí cerraba sus cortinas y ponía la que luego fue película exitosa de “Mi Bella Dama” que tiene una música espectacular. Como era solo una gruesa cortina la que tapaba la entrada las canciones se escuchaban claramente.
Por esos días le hablé por teléfono a mi querido papá en la ciudad de México para pedirle que por favor me enviara 50 dólares. Era increíble lo que rendían en aquel entonces 50 dólares que me envió mi padre por la vía de un banco.




Como don Miguel Oropeza se había regresado a México después delos dos primeros juegos de la Serie Mundial, le dije al que manejaba el hotel que le quería regalar uno de los gafetes que me había dejado para que pudiera entrar gratis y hasta estar en el terreno de juego. Se puso muy contento y me prometió hacerme una rebaja a la cuenta del hotel. Finalmente en la tercera suspensión ya no llovía, salió el sol, pero no hubo tiempo de secar el terreno por lo que fue la tercera suspensión por lluvia consecutiva. Pusieron hasta helicópteros cerca del terreno y con las aspas ayudaban a secarlo.
Era domingo el día de la tercera suspensión y nos avisaron que iban a llevar en autobús especial a los cronistas a una población llamada Modesto, California, en donde iban a entrenar ese día tanto Gigantes como Yanquis. Y la localidad de Modesto, que hace honor a su nombre ya que era un lugar modesto, vivió un día para nunca olvdar. El pequeño parque de madera que usaba su equipo de Ligas Menores se llenó pronto y con las bardas cercanas ya se imagina las muchas voladas de barda que hubo. Mickey Mantle se dio vuelo y se llevó la mayoría de las ovaciones.


KA GRAN  JUGADA DE TOM TRESH

Terminada la práctica nos llevaron al Country Club de la
ciudad para la hora de la comida. Recuerdo haber estado en una mesa con otros cronistas con la mesa de Mantle, Roger Maris, Bill Skowron al lado de la nuestra. Naturalmente era Mantle la gran atracción, el jugador de Beisbol más conocido en aquel tiempo.
Ya para los días siguientes estaban anunciando que tendríamos mucho sol y así fue.


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TERRY Y SANFORD


Finalmente el sexto juego se celebró el lunes 15 de octubre de 1962 y en duelo de zurdos, Billy Pierce de los Gigantes le ganó a Whitey Ford el Yanquis 5-2, El boricua Orlando Cepeda fue el mejor bateador con tres hits, uno de ellos triple, y produjo dos carreras. En la quinta entrada Roger Maris bateó un jonrón solitario por Yanquis y el lleno completo en el Candlestick Park de San Francisco se portó muy severo ya que los abucheos fuertes acompañaron a Maris en un su recorrido a través de las bases. Nunca he visto algo igual y es que para 1962 muchos cronistas ya la había agarrado contra Maris por ser un pelotero al que no le gustaban mucho las entrevistas.


EL BOLETO DEL SEPTIMO JUEGO





Fue antes de ese sexto juego que le pregunté a Roger Maris sobre el precioso sarape de Saltillo que un año antes le había regalado don Miguel Oropeza y me dijo muy contento que lo había puesto sobre la chimenea en la sala de su casa y que lucía muy bonito.
El encargado del hotel donde estaba se veía feliz al ver las prácticas en el terreno de juego y estar cerca de los peloteros. Fue algo de una vez en la vida para él y me agradeció mucho que le hubiera regalado el pase que me dejó son Miguel Oropeza al regresar a México. Me hizo una buena rebaja en la cuenta que debía del hotel.
Para Ford sería su antepenúltima Serie Mundial en su carrera. Un año después perdió dos juegos ante los Dodgers, el segundo 2-1 y en 1964 abrió y perdió contra Cardenales, lastimándose el brazo.
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Todo quedó listo para el séptimo y decisivo partido en la Serie Mundial de 1962, comenzando los derechos Ralph Terry por Yanquis y Jack Sanford por los Gigantes. Sanford era el mejor lanzador del equipo de la Bahía y Terry tenía todavía la espina clavada de haber recibido el jonrón de Billl Mazeroski que decidió la Serie Mundial de 1960 a favor de los Piratas de Pittsburgh sobre los Yanquis.
Antes del juego me encontré a Eduardo Orvañanos en el terreno de juego y al estar platicando me invitó a ver a su lado el juego que iba a narrar para México en radio. Le dije que si y de esa manera estuve a su lado durante todo lo que duró el juego, dos horas con 29 minutos, cambiando opiniones en el intermedio de los innings.
Tal como se esperaba fue un gran duelo de ceros y para la quinta entrada los Yanquis llenaron la casa sin outs cuando Sanford perdió el home y le dio base por bolas al pitcher Terry. Con el cuarto repleto el torpedero Tony Kubek dio rola para double play y mientras tanto se anotó la primera carrera del partido.



En uno de los innings el jardinero izquierdo Tom Tresh salvó a Terry con una gran atrapada en el jardín izquierdo. Ese día hacía mucho aire y fue una línea que Tresh engarzó corriendo para atrás sobre la línea de faul del jardín izuierdo.
El duelazo de 1-0 llegó al cierre del noveno con Yanquis todavía ganando con esa misma pizarra pero el emergente Matty Alou comenzó la amenaza gigante con un toque de bola que convirtió en hit. Sin embargo Terry ponchó en forma consecutiva a Felipe Rojas Alou y a Chuck Hiller para situarse  a un out de la victoria. Y no se podía pedir un final más espectacular ya que le tocó batear a Willie Mays siendo la última esperanza del equipo de casa. Los aficionados estaban de pie, pidiéndole el hit a Mays. Y Willie respondió con un cañonazo de hit cerca de la raya del jardín derecho pero Roger Maris hizo un corte formidable evitando que Alou anotara, siendo parado en tercera con el doblete de Mays.
Le tocaba batear al tremendo zurdo Willie McCovey y cuando el manager Ralph Houk fue a conversar con Terry todos pensamos que le iban a dar base intencional a McCovey para llenar la casa y enfrentarse a Cepeda que era derecho igual que Terry.

EDUARDO ORVAÑANOS



Sin embargo todos nos asombramos al ver que no hubo base intencional y es que Terry le dijo que prefería enfrentarse a McCovey en lugar de tener la casa llena y lanzarle a Cepeda. McCovey dio un salvaje batazo que se perdió sobre la barda del jardín derecho, pero la pelota iba curveando y salió de faul para un largo strike. Y el juego terminó con una línea candente de McCovey pero atrapada por el segunda base Bobby Richardson.
Los Yanquis acababan de ganar la Serie Mundial 1-0 y como los vestidores estaban detrás y a un lado de la barda derecha, sus compañeros se llevaron en hombros a Ralph Terry por un largo trecho, acompañados del gran júbilo de haber ganado una Serie. Terry se había quitado el mono de la espalda que cargaba desde el jonrón de Bill Mazeroski y  los Yanquis habían ganado el gran duelo de 1-0.




BOBBY RICHARDSON
En lo particular estaba feliz al caer el último out y después de platicar un rato con Eduardo Orvañanos, una persona muy fina y muy buen amigo además de gran cronista, nos despedimos. Todavía a las siete de la noche aproveché la última vez que estuvo abierto el salón de hospitalidad de Ligas Mayores con comida gratis y me encontré a Buck Canel escribiendo sobre el juego para la agencia France Press donde trabajaba. Cuando le pregunté sobre el juego estaba enojado y me dijo: “Sin importar lo que sucedió, el manager debió haberle dado base intencional a McCovey. El Beisbol hay que jugarlo como debe ser."
Yo que estaba tan contento le dije que se pusiera contento ya que habían ganado los Yanquis y él era de Nueva York.
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Había comenzado el regreso a la ciudad de México y recuerdo que tenía el boleto para ir en autobús de San Francisco a Los Angeles. Es un viaje de casi toda la noche aunque cuando llegué a Los Angeles no había amanecido todavía. De Los Angeles tomé el avión que tenía  escalas en Tijuana y Guadalajara antes de llegar a la capital.
Era ya de día, por la mañana, cuando tomé el avión hasta Tijuana y aunque es un tramo corto, fue un terrible viaje, con el avión moviéndose demasiado. Ya en Tijuana salí de Guadalajara como a las seis de la tarde y me dio mucho gusto encontrarme como pasajero a aquel gran bateador José “Pasitos” Echeverría que fue muy buen amigo mío. Me dijo que iba a México para luego ir a Minatitlán donde iba a jugar en la Liga Invernal Veracruzana. Nos sentamos juntos y resulta que ese viaje de Guadalajara  al DF fue terrible, el peor vuelto que he tenido en mi vida Eran todavía aviones de hélices y el aparato se movió como coctelera. A cada rato le preguntaba a “Pastos” si veía algo por la ventanilla pero ya era de noche y solo me comentaba´: “Están cayendo unas gototas tremendas. Está lloviendo fuerte,”


TERRY LANZANDO

Es uno de los momentos de más pánico que he vivido por la manera tan horrible que se movió, por un buen tiempo, el avión. Traté de pedir un trago pero no había azafata disponible ya que también estaban amarradas en sus asientos. Recuerdo que por el susto perdí parte de mi cabello, pero era joven y el pelo volvió a salr.  Luego me acostumbré  a viajar tranquilo en un avión y tuve vuelos buenos, la mayoría, y malos ya con los Jets. Pero aquel viaje de Guadalajara a la capital con “Pasitos” Echeverría de compañero fue el peor que tuve en mi vida.    
Entre el play off y la Serie Mundial con cuatro suspensiones, estuve 15 días fuera de casa.

FIN DE LA SERIE

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