Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

domingo, 15 de noviembre de 2015

CELERINO SANCHEZ

EL JONRON DE CELERINO

EN EL YANQUI STADIUM

CELERINO SANCHEZ

CUANDO Chuck Genoevese vino a la ciudad de México como buscador del Gigantes de San Francisco solíamos reunirnos a la hora de la cena en Sanborns de La Fragua, por el Monumento de la Revolución y cerca del diario donde trabajé 44 años, para que hiciera su trabajo diario en tarjetas que escribía sobre el reporte de los jugadores que había visto en el juego del Parque del Seguro tanto sábado como domingo. Cuando llegó el nombre de Celerino Sánchez, tercera base del Tigres que tuvo una temporada de 20 jonrones al jugar con los Tigres capitalinos de la Liga Mexicana, me hizo el comentario de no estar seguro si el nacido en Guayabal, estado de Veracruz, tenía poder o no. Me dejó perplejo ya que todos teníamos catalogado a Celerino como un bateador de poder en la pelota mexicana.

TIGRES DE 1955 LEO RODRIGUEZ ROLANDO HERRERA PEPE BACHE Y GEORGE GENOVESE  

Pero Genovese fue más explicativo: “Celerino tiene poder en México, pero, ¿podrpa adaptar su swing para seguir teniendo batazos largos contra la velocidad que va a encontrar en Ligas Mayores?”.
El caso es que  Genovese no se interesó en Celerino que era un jugador que tenía varias de las cinco herramientas que adornan al prospecto perfecto. Era muy buen tercera base, mejor que average con un brazo tan bueno como el mejor (pensaron al principio hacerlo pitcher por el brazo fuerte que tenía como había sucedido con aquel famoso jugador cubano Roberto Ortiz al llegar a los Senadores de Washington), era un buen bateador y en México tenía buen poder. No era un gran corredor, pero si un corredor average, no era una tortuga.


CELERINO CON TIGRES

Al final de la historia, es como Agatha Christie diciéndonos quién es el asesino de la novela al principio de la historia, Genovese iba a tener razón. Cuando Celerino pudo llegar a Ligas Mayores en 1972 se encontró con que tenía que hacer modificaciones a su swing para poder manejar la velocidad de las Grandes Ligas y el gran poder que tenía en la Liga Mexicana se vino abajo. En dos años que estvo con los Yanquis, el primero de titular aunque no la temporada completa, y el segundo, ya como suplente del recién adquirido Craig Nettles, Celerino solamente pudo dar  un cuadrangular.

LEE MACPHAIL

Tuve la buena suerte de tener que ver con la llegada de Celerino a los Yanquis y a Ligas Mayores, siendo en la Convención de Beisbol en diciembre de 1971 en Scottsdale, Arizona, cuando sucedieron una serie de episodios para que antes del draft de la regla V le pudiera contar a Lee MacPhail, el entonces gerente de los Yanquis, que los Tigres de la Liga Mexicana estuvieron a punto de vender el contrato de Celerino a los Mets pero la noche del domingo el Ingeniero Alejo Peralta tuvo algo más importante que hacer y dejó plantado al gerente del equipo de la Liga Nacional.
Los Yanquis por entonces estaban al igual que los Mets, sin un antesalista definido ya que el cambio que habían  hecho con Medias Blancas para obtener al infielder Rich McKinney fue un fracaso total y en su libro “Pinstripes Empire” el periodista y luego jefe de relaciones públicas del Yanquis, Marty Appel, lo pone por los suelos tanto en el terreno como fuera de él.

SE ESTILABA EL CABELLO LARGO ENTONCES 

Lee MacPhail puso a trabajar a su personal y al día siguiente obtuvieron el contrato de Celerino de los Tigres de la Liga Mexicana en 30,000 dólares. Al final fueron Yanquis y Padres de San Diego los que hicieron ofertas por Celerino y Peralta decidió que se fuera al Yanquis.
Con MacPhail y aquel personal tuve buena amistad y en una ocasión mandaron a México al buscador Tom Morgan, había  sido pitcher de los Yanquis de Casey Stengel, para ver a un joven zurdo mexicano llamado Guillermo Barranca que me parecía tener todo para ser estrella. Se los había recomendado. A Morgan le gustó lo que vio de él en un juego de la Liga Metropolitana en el Plan Sexenal de la capital y como juagaba con un equipo que manejaba y patrocinaba Alfonso Díaz que recomendaba jugadores a los Broncos de Reynosa. El negocio se hizo por allí.


Barranca estaba lanzando muy bien en clase A el primer año con la sucursal de Kinston pero notaban que al final de los juegos se cansaba, entonces no había la legión de relevistas de ahora, y entonces en inverno de ese año fue operado, una complicada operación en que al leer el reporte de ella el doctor del Yanquis aconsejó que ese muchacho abandonara el Beisbol. El caso es que volvió a recuperar totalmente la fuerza en el brazo y fue firmado por los Alijadores de Tampico ya que Cono Canavati, un gran tipo, le dio permiso que solo lanzara los fines de semana con el club ya que estaba estudiando la carrera de contador.






El caso es que se convirtió en un pitcher ganador de la Liga Mexicana y se veía tan bien que otra vez hablé con MacPhail y esta vez mandó a verlo al que fuera famoso pitcher zurdo Luis Arroyo, también luego manager de Liga Mexicana. Arroyo se entusiasmó con lo que vio de Barranca y los Yanquis estaban dispuestos a llevárselo, previa autorización por su salud de su papá, cuando se volvió a lasionar y ya abandonó al Beisbol para seguir su vida como contador.

O sea que conocía a Lee MacPhail al venir aquella oportunidad para Celerino. Cuando regresé de la convención en Arizona  en compañía de Enrique Kerlegand, nos quedamos un par de días en Hermosillo para ver un juego de los Naranjeros  en la Liga del Pacífico. Y  cuando me encontré a Celerino la mañana siguiente en el restaurante del Hotel San Alberto, me senté en su mesa y le conté toda la historia en que su contrato había sido vendido a los Yanquis. Veía sin embargo la incredulidad del tercera base en toda esta historia. Después de todo soy cronista de Beisbol, no buscador ni empleado de una oficina de un equipo.
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Los Tigres le dijeron a Celerino que ahora pertenecía al Yanquis y aunque les gustó en los entrenamientos lo comenzaron 1972 en la principal sucursal que entonces era la de Syracuse en la Liga Internacional. Allí estaba bateando  muy bien para .327 con tres jonrones y 27 carreras empujadas cuando los Yanquis lo llamaron al equipo grande y comenzó a tener una buena campaña con un equipo que estuvo en la pelea por el primer lugar hasta el último mes.
Celerino fue aceptado con entusiasmo por los aficionados del Yanquis y lo ayudó bastante lo mal que había estado el anterior antesalista, McKinney. Fildeó muy valiente y bien en tercera y asombró con el gran brazo que tenía. Uno se pregunta quien habrá tenido el brazo más poderoso entre Celerino y Aurelio Rodríguez. Y bateó con oportunidad.


CELERINO DE YANQUI

El caso es que al final de la temporada se lesionó, Celerino era propenso a lastimarse, y ese año jugaron la Serie Mundial los Rojos de Cincinnati y Atléticos de Oakland. Estaba en el aeropuerto de Cincinnati para viajar a Oakland después de los dos primeros juegos en casa de los Rojos, cuando esperaban sentados la hora de la partida el manager del Yanquis, Ralph Houk, con su esposa y un matrimonio amigo. Fui a saludarlo ya que lo conocía desde la Serie Mundial de 1961 y sobre todo hablé bastante con él cuando los Yanquis visitaron el Parque del Seguro antes de la temporada de 1968.
Se mostró contento en saludarme y lo primero que me dijo fue: “El tercera base que nos mandaste (Celerino) casi nos ayuda a ganar el campeonato per al final se lesionó. Pero es un gran muchacho y jugó muy bien con nosotros.”
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Para la siguiente temporada, 1973, muchas cosas importantes sucedieron en la historia de los Yanquis y Celerino sería testigo de ellas. Fue cuando la compañía CBS vendió al equipo a una sociedad encabezada por un señor llamado George Steinbrenner, quien logró en ese primer año convencer a las autoridades de Nueva York para que construyeran un nuevo Yanqui Stadium y por dos años, en 1974 y 75, los Yanquis jugarían como equipo de casa en el Shea Stadium, la casa de los Mets.


CRAIG NETTLES

Sin embargo y en el primer movimiento que hizo Steinbrenner y su comitiva con Gabe Paul nombrado de gerente, fue el traer a dos jugadores que serían muy  importantes en el Yanquis de aquellos años. Obtuvieron del Indios de Cleveland al primera base Chrss Chambliss y al tercera base Craig Nettles.
Recuerdo que estaba en Managua, Nicaragua, en noviembre de 1972 y trabajando ara el diario La Prensa de don Pedro Joaquín Chamarro mientras durara la Serie Mundial Amateur, cuando me asomé una noche al teletipo y venia el anuncio de ese cambio. No me sentí contento porque Nettles era tercera base, tenía poder, era zurdo y por lo tanto ideal para el Yanqui Stadium, y era seguro que le iba a quitar el puesto de titular a Celerinio Sánchez. Al paso de los años Nettles fue  un jugador importante en la era de Steinbrennner.
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BOBBY MURCER

Aunque Nettles comenzó bateando muy mal en 1973 se enderezó para terminar con 18 jonrones. Ralph Houk siguió siendo manager del Yanquis, su despedida, y el equipo solo tuvo 80-82 para terminar en cuarto lugar. Ya Houk había  tenido en el año sus confrontaciones con Steinbrenner y al acabar el último juego del calendario, el último también en la historia del Yanqui Stadium original, Houk se reunió en el vestidor y se despidió de todos ya que no iba a seguir con el club.
Celerino me platicó una vez lo mucho que sufrió Houk al decir adiós ya que por muchos años, desde la década de los cuarenta, había estado con los Yanquis. Cuatro décadas.
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Celerino estuvo en la banca casi todo el tiempo en 1973, viendo acción en 37 juegos y en uno de ellos, el sábado 12 de mayo de 1973, dio el único jonrón que logró en las Ligas Mayores.
Ese sábado por la tarde los Yanquis jugaron con Horace Clarke en la segunda base, Roy White en el jardín  izquierdo, Mateo Alou en el jardín derecho, Bobby Murcer en el central, Jim Ray Hart de BD (fue el primer año del Bateador Designado), el joven Thurman Munson de catcher, Felipe Alou en primera base, Craig Nettles en tercera y Gene Mihael de short.  
Esa tarde los Yanquis ganaron 8-0 a los Orioles de Baltimore  siendo el derecho Doc Medich el pitcher ganador y el zurdo Mike Cuellar el derrotado, poniendo su record en 1-5. Después de sus años de gloria, parecía que Cuellar iba para abajo, y solo 10,341 aficionados estuvieron presentes. Ese año los Yanquis serían quintos en asistencia con un millón 262,163 espectadores. Y en ese 1973 los Mets de la misma Nueva York ganaron el campeonato pero perdieron la Serie Mundial en siete juegos ante los Atléticos de Oakland con Yogi Berra manejando al equipo metropolitano.
De Mike Cuellar no estaba acabado, se recuperó para terminar con record de 18-13 y al año siguiente ganó hasta 22 juegos.
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MIKE CUELLAR

En la séptima entrada ya había habido ido cambios en el pitcheo de los Orioles con Earl Weaver de manager y estaba lanzando el zurdo Mike Scott  cuando le tocó batear al zurdo Ron Blomberg, el primer Bateador Designado de la historia, y quien había entrado en lugar de Jim Ray Hart. Los Yanquis atacaron en ese inningg con doble de Mateo Alou, sencillo empujador de Bobby Murcer y entonces el zurdo Mike Scott fue enviado a relevar para lanzarle a Blomberg, pero Ralph Houk mandó de emegente a Celerino Sánchez.


EL JONRON DE CELERINO





Tuve la suerte de ver ese partido que fue el juego de la semana de la NBC y fui a casa del amigo Ernesto Martínez, también aficionado al Yanquis, quien ya tenía ese canal. Fue entonces que Celerino le dio bien a la pelota y produjo un largo batazo cerca de la raya del jardín izquierdo. Y claro que nos dio mucho gusto ver a la pelota cayendo en las gradas del Yanqui Stadium para el primer y único jonrón que daría Celerino en sus dos años con Yanquis.
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Es extraordinario que Celerino haya tenido que ver en el juego de la despedida del Yanqui Stadium original. Ese sí que fue un juego histórico. El último en la casa que Babe Ruth construyó. Tigres de Detroit ganaba 2-1 en la parte baja de la séptima y un jonrón del catcher Duke Sims del Yanquis empató el juego 2-2. En ese mismo inning de la suerte los Yanquis siguieron atacando y Houk mandó de emergente a Celerino Sánchez quien con una línea de hit empujó a los dos embasados para poner arriba al Yanquis 4-2. Hubiera sido el de Celerino el batazo de la victoria en el último juego del Yanqui Stadium pero los Tigres de Detroit lograron un gran rally de seis carreras en la octava entrada y terminaron ganando el juego que bajó el telón por 8-5.


CELERINO NACIO EN GUAYABAL VERACRUZ





Es curioso que el último partido de Celerino Sánchez en Ligas Mayores haya sido también el último del Yanqui Stadium original.
En esos dos años tuvo Celerino 76 hits en 314 veces al bat para .242 de average.
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En 1974, ya con Nettles como tercera base, Bill Virdon de nuevo manager, Celerino fue regresado a la sucursal de clase triple A, pero el tercera base de brazo cañón ya no quiso reportarse, se regresó a México y los Tigres tuvieron que regresar algo o todo, no lo sé, de los 30,000 dólares aquellos, en que por cierto el señor Lee MacPhail, sin que yo se lo pidiera me mandó a casa un cheque con el logotipo del Yanquis por 500 dólares por haberlo ayudado al obtener a Celerino.
Y Chuck Genovese terminó por teniendo razón en el caso de Celerino. “¿Me pregunto si tendrá poder al batear en Ligas Mayores?.”






Un gran amigo, una gran persona Celerino, quien al retirarse puso una tienda de deportes, primero en Avenida Coyoacán, y luego se fue a vivir a Celaya, Guanauato, en donde puso el mismo negocio. Era joven todavía cuando tuvo un fuerte dolor en la cabeza y tuvo una muerte muy prematura que todos sentimos. En su velorio le pedí permiso a su esposa Yola para que me dejara poner una gorra de los Yanquis en el ataúd, lo cual accedió.
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Hace unos meses a través de un correo electrónico el amigo Marty Appel desde Nueva York me dijo que faltaba una pelota autografiada por Celerino Sánchez en el museo que tienen los Yanquis en su nuevo estadio y en donde están pelotas autografiadas por todos los que han jugado con Yanquis y han conseguido su firma. Me dijo Marty que ha habido fanáticos que han preguntado por la pelota firmada por Celerino y están buscándola, lo cual se lo manifesté a su viuda, quien se comprometió  que le iban a mandar una pelota con su autógrafo a los Yanquis.
¡Qué bueno que también en el mundo de los Yanquis se le recuerda al jugador mexicano del brazo portentoso!.


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