Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

lunes, 6 de octubre de 2014

Para Bien o Para Mal

LAS COSTUMBRES PERDIDAS





ROBERTO ORTIZ FELICITADO POR BRUJO ROSELL Y TODOS LOS DIABLOS
POSIBLEMENTE usted no lo sepa pero por mucho tiempo cuando algún jugador daba un jonrón  fuera la entrada que fuera, todo el equipo lo iba a recibir en el home para festejar la volada de barda. Después de todo el cuadrangular es el máximo batazo en un juego de pelota y eso provocaba  la admiración y el júbilo de sus compañeros. En Ligas Mayores nunca se usó esta costumbre y el único que estaba en el home o cerca del bateador del bambinazo lo era el siguiente que iba a tomar su turno o los que estaban en base.
La costumbre de ir todo el equipo al home para recibir al jonronero debe haber nacido en Cuba, que estaba en primer lugar de muchas cosas en América Latina hasta la llegada del comunismo que del primer lugar mandó al sótano a la que fue la perla de las Antillas.


TODOS RECIBIAN AL JONRONERO EN EL HOME
En todos los juegos que vi en el Parque Delta durante la década de los cuarenta era obligación  de ir al home para recibir al compañero que se volaba la cerca. Por algo le dicen Su Majestad al jonrón.
Por los años cincuenta se perdió esa jubilosa recepción al jonronero y ya en el Parque del Seguro los compañeros hacían una fila india de la caseta al plato para darle la bienvenida al jonronero. En el Foro Sol las casetas están  más cerca del home y el recibimiento jubiloso se da al principio o dentro de la caseta. Generalmente todos los demás circuitos copian lo que hacen en Ligas Mayores y allí felicitan al jonronero  en la caseta.


JONRON DE DIMAGGIO
En lo particular me gustaba mucho ese recibimiento masivo en el home, algo que ahora solo se ve cuando se trata de un jonrón que decide el juego y deja al otro equipo en terreno. Los que llaman los jonrones de irse caminando.
Una costumbre muy mala  de Ligas Mayores para abajo es increíble y me refiero a que los jugadores dejaban en el terreno de juego su manopla, su guante, para recogerlo al regresar a su posición. El pitcher la dejaba en terreno de faul cerca de la raya de primera en terreno de faul cerca de la colchoneta. Obviamente los guantes tirados en el terreno de juego muchas veces cambiaron la dirección de batazos o tiros. Es increíble  que las Ligas Mayores no hayan hecho nada sobre este asunto hasta la década de los sesenta. En las películas de Serie Mundial de los viejos tiempos usted ve los guantes dejados en el suelo por el equipo que iba a batear. Lo mismo sucedía en la Liga Mexicana.


MANOPLAS EN EL TERRENO 
En una ocasión los Yanquis tenían a un primera base llamado Nick Etten que daba jonrones pero no era muy bueno fildeando y en una ocasión un batazo de faul por primera se quedó  incrustado en el mascotín que había dejado tirado en el pasto ese jugador. Los cronistas comenzaron a escribir que no había ningún  problema con su guante, sino el jugador era el culpable por la mala defensa que daba.


Creo que esta de dejar los guantes en el terreno de juego fue la peor costumbre de los viejos tiempos.
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Por décadas y décadas en la pelota mexicana el manager tenía  que estar de coach de tercera base, fuera bueno o no  para manejar el tráfico. Estar en el cajón de coach era una de sus obligaciones, era demostrar a todos que era el jefe del equipo. Pasó mucho tiempo antes que los managers en la pelota mexicana dirigieran solo desde la banca como lo hacían en las Grandes Ligas y Cananea Reyes fue considerado por Maury Wills, que sabía “un carro” de Beisbol, como el mejor coach de tercera base que había visto en su vida.
Ernesto Carmona pasó muchos años con su chamarra roja que tenía una letra V mayúscula y muy grande en la espalda, la V de la victoria y por eso también lo llamaron “el hombre de la V”.


PARQUE DELTA Y ROBERTO ORTIZ 
Hubo en la década de los cuarentas un cubano de color llamado Julio Rojo que ponía un show completo de coach en tercera, ya que adoptaba diferentes posturas para dar sus señales. Una vez puso las espaldas en el cajón de coach y  levantó las piernas como si fuera un contorsionista de circo haciendo su show. Más que coach era un Beisbol cómico. Fue brazo derecho por muchos años del famoso manager Miguel Angel González en Cuba con los Rojos del Habana y en México trabajó con diferentes equipos.


FELICITACIONES EN LA CASETA
Un coach de tercera base puede echar a perder un juego pero solamente una vez vi como en un inning, los tres outs los hizo el equipo de la defensa en home. El coach de tercera en aquel Rojos del México de la Liga Invernal Veracruzana de 1953-54 lo fue el nunca olvidado Luis Sansirena, el brazo derecho de Lázaro Salazar con Monterrey por muchos años. Pero esa tarde en el Parque Delta tuvo el santo de espaldas y los tres corredores que mandó al home los hicieron  outs, provocando que al regresar a la caseta le tiraran cojines los aficionados de protesta.
FRANK CROSETTI
Frank Crosetti con los Yanquis tiene el record de más anillos de Serie Mundial ganadas, 17 de un total de 23 clásicos que estuvo con ese equipo, primero como jugador y luego de coach de tercera. La mayoría de los coaches le dan la primera felicitación al que se vuela la barda pero Crosetti acostumbraba solamente a aplaudirles cuando pasaban junto a él, con excepciones en batazos muy especiales como el jonrón 61 de Roger Maris en la temporada de 1961.
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Por varias décadas no tuvimos la formidable y larga lona que cubre todo el infield cuando viene un fuerte aguacero y suspenden el partido, pero en los años cuarenta y cincuenta, antes que fuera comprada la primera gran lona por el Ingeniero Alejo Peralta, solamente ponían una pequeña lona tapando el home y otra tapando la lomita. Todo lo demás quedaba a merced de la lluvia.

JONRON DE ESPINO Y CANANEA REYES DE COACH 

¿Cómo hacían para reanudar el juego al irse la lluvia?. El método era simple y espectacular. Aquilino López, que ere el encargado del campo, ordenaba a sus trabajadores rociar con gasolina todo el infield, la parte de tierra en donde había  quedado con encharcamientos. Entonces prendían un cerillo y todo el infield ardía. Cuando acababa de arder la gasolina, unos 10 minutos, entonces ya nada estaba mojado en el infield y lo arreglaban con rastrillos. El sistema de la gasolina en el infield duró mucho tiempo, sin importar que el Parque Delta era de madera. Todavía se utilizó ese sistema en el Parque de Seguro Social y a veces pienso que era más  rápido para tenerlo listo  que con la lona actual.
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PARQUE DEL SEGURO
Esta costumbre que viene se originó en el Parque del Seguro Social por los años sesenta y era muy divertida, pero  de repente se acabó para no volver. Cuando venía  la aburrición del cambio de pitcher en una entrada los aficionados chiflaban en cada lanzamiento que hacía el serpentinero y el regreso del catcher también. Era como un chiflido en coro de los que su usaron para decirle sin palabras a una mujer que era muy guapa. El “fiu-fiu”. Eran los tiempos en que las muchachas se preguntaban unas  a otras que cuántos chiflidos habían recibido en el día.




Eso de chiflar  a la mujer bonita era costumbre americana, pero el chiflido al pitcher y el regreso del cátcher se inventó en el Parque del Seguro. Ojalá algún equipo y por medio del sonido local pudieran revivir esos chiflidos que eran muy agradables, ocurrentes y que nos hacían pasar un buen rato, Incluso los catchers, para jugar con el público había  ocasiones en que solo fintaban el tiro de regreso al pitcher y el chiflido quedaba a medias. Fue muy divertido pero de repente y sin  que nadie se diera cuenta, se acabó esa divertida costumbre.
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En los viejos tiempos y para la séptima entada de cada juego cuando no había llenos completos, se dejaba que los aficionados de las localidades más baratas ingresaran a la sección más cara y por unos innings los que no tenían dinero para pagar el boleto principal veían el juego en el mejor lugar de la casa. Fue muy agradable y sensible esa costumbre y varias veces yo me pasaba de las gradas de sol o de sombra general a las mejores localidades en el Parque Delta.


TONY CASTAÑO
También otra costumbre fue que en la octava entrada se abrieran todas las puertas de acceso al Parque del Seguro o sea que el que no tenía ni para pagar el lugar más barato pudiera por lo menos ver los dos últimos innings del partido.
Tengo un gran amigo llamado Teodoro Martínez, muy buen guitarrista y cantante nacido en Mazatlán y super enamorado del Beisbol. Como se ganaba la vida dando clases de guitarra ya llegaba al parque con el juego comenzado pero a veces  era tan tarde que se esperaba hasta la octava entrada para entrar. Todo el mundo lo conoce como “Gitanillo”.
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Otra costumbre que se ha perdido en muchos parques es la jugada de la quiniela y por mucho tiempo había bastantes vendedores en el parque de pelota con las quinielas y si usted le tocaba la posición del que anotaba la primera carrera, cobraba de acuerdo a lo que costaba la quiniela, la mayoría de cinco pesos. Se ganana 100 pesos. Un día un amigo de preparatoria  que fue conmigo al partido ganó la quiniela de la manera más increíble que usted puede pensar.


ZENON OCHOA
Fue en un juego de la Liga Invernal Veracruzana en que el bateador de los Cafeteros de Córdoba, el gran amigo Zenón Ochoa, se ponchó, pero como la pelota fue al suelo, el cátcher Armando Flores, del equipo Aztecas capitalino, tuvo que tirar a primera y puso la pelota en el bull pen para el primer error de la jugada.  Zenón  Ochoa llegó a segunda y el jardinero derecho Daryl Robertson, al regresar la pelota al cuadro, puso la pelota en la caseta de tercera base y son dos bases para el corredor, por lo que con un ponche, Zenón Ochoa recorrió todas las bases en la misma jugada como si hubiera dado un jonrón.
El vendedor de quiniela dijo al principio que de esa manera  no se valía ganar una quiniela, pero tuvo que hacer puchero y pagar. Solamente esa vez he visto esa jugada en tantísimos juegos que el gran Dios  me ha dado.
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Por mucho tiempo en las Ligas Menores los aficionados recolectaban dinero para el bateador que hubiera dado un jonrón importante o el pitcher que tirara una blanqueada. 


Aquí en el Parque del Seguro era la jefa de la porra de los Diablos Rojos, Chabelita Rodriguez, la que comenzaba a pedir dinero entre los aficionados para el bateador del México que se había volado la barda, Esa costumbre fue frenada por el club cuando indicaron que todos los jugadores estaban buscando un jonrón para tener la cena y la diversión de esa noche asegurada. También  con los hits sencillos se ganan los partidos.
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Otra costumbre de algunos aficionados era llegar temprano al parque ya que 15 minutos antes del juego, o media hora posiblemente, los dos equipos llevaban a cabo la práctica de infield, y los tiros del jardín, así que valía la pena llegar pronto para ver a La Mala Torres o Roberto Ortiz tirando desde el jardín a tercera y al home, a los muy buenos infielders hacer filigranas con las rolas. En el Aztecas del invierno 1953-54 era una delicia ver a Beto Avila en segunda base y a Billy Hunter en el short en estas prácticas. Actualmente ya no se usan esos entrenamientos antes del juego y en la Liga Mexicana los Diablos han tratado de mantener esa bonita costumbre.  
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