Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

domingo, 12 de octubre de 2014

HECTOR ESPINO

EL SUPERMAN DE CHIHUAHUA

EL REY DE LOS BATEADORES



HECTOR ESPINO 
Cuando se habla del Beisbol mexicano nadie duda en colocar a Héctor Espino como el rey de los bateadores nacionales ya que en su paso por las ligas de verano y de invierno, fue el cañonero mexicano por excelencia que nunca hizo un intento real por llegar a Ligas Mayores ya que era algo que ni lo deseaba. Posiblemente en la época moderna en que se ganan tantos millones de dólares, Espino habría pensado diferente, pero en aquel entonces ganaba más dinero en la Liga Mexicana        que lo que pudo haber ganado en la tripe A americana y todo comenzó mal cuando Anuar Canavati, propietario de los Sultanes de Monterrey,  no quiso darle ni un centavo de los 30,000 dólares en que había vendido su contrato a los Cardenales de San Luis después de la temporada de 1964,


EL JONRON LA MARCA DE LA CASA 
Espino fue una gran persona, un gran amigo, y siempre era agradable hablar con él. No era como otros estrellas que a veces están de buenas y otras de malas. Espino fue un amigo de pies a cabeza, de tiempo completo. Para mi fue un honor tenerlo como amigo. En toda su carrera fui “espinista” hasta la médula y lo defendí en cada uno de los problemas que tuvo ya que hay que aceptar que en ocasiones era rebelde y no asistió a varios Juegos de Estrellas aunque naturalmente era elegido. Y aquel caso que su manager con Sultanes, Wilfredo Calviño, arrancó el autobús sin Espino porque habían pasado cinco minutos de la hora señalada. Otra vez no quiso ir a una serie de emergencia en Tampico.
La carrera de Espino fue mágica y convirtió a nuestras ligas, la de verano y la de invierno, en algo muy especial. Dejó infindad de records, algunos que fueron mejorados al usarse aquella famosa pelota Comando que era sinónimo de jonrón Pero muchos otros records de él quedaron para siempre. ¿Se imagina cuántos jonrones habría dado Espino con la Comando?.
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El muy beisbolista y escritor Humberto Payán Franco escribió un libro sobre Espino titulado ‘’Perfil de un Gigante’’ y aquí reproducimos unos párrafos del capítulo sobre la temporada de 1964 en que el gran bateador dio 46 jonrones:
El bat de la inspiración
‘’He visto atentamente a Héctor Espino y este señor tiene bate de Ligas Mayores’’.- Jim Maloney


ESPINO Y ANDRES MORA 
Patrullando el jardín izquierdo, Héctor Espino ya había escrito dos brillantes páginas con los Sultanes. Ahora, el Niño de Hierro volvía para acaparar los titulares de las páginas deportivas.
Empezó botando pelotas en todos los parques de la Liga Mexicana. Su bate estaba desbocado, arrollador y se convirtió en terror de los pitchers.


EL REY DE LAS PORTADAS 
Sus toletazos empezaron a cimbrar todos los récords y pasó sobre hombres con un largo y brillante historial en el beisbol mexicano. Espino recuerda el año de 1964 como el mejor de su carrera. Jugó 126 partidos en los que implantó su ley. Su bat fue dinamita pura. De las 448 veces que fue al bat, disparó 166 hits, 22 dobles, 3 triples, produjo 117 carreras, se robó 5 bases y recibió 83 bases por bolas; fue ponchado en 42 ocasiones, anotó 118 carreras para ser el mejor de ese departamento; conquistó la corona de bateo con un tremendo .371 y el de jonrones con 46 bambinazos. Fue campeón de slugging con .741. Espino no únicamente había despedazado el récord de jonrones implantado por Ronnie Camacho un año antes, sino que la cifra que él grababa, era un récord casi imposible de igualar. Y el récord que por años y años fue un tabú para los jonroneros, implantado por Joshua Gibson primero y Aldo Salvent después, cayeron a tierra bajo el poder bárbaro del slugger chihuahuense.


RONNIE CAMACHO Y ESPINO 
Esta temporada, Espino entra por la puerta grande al libro de los récords. En un juego dispara tres jonrones jugando en el parque de Seguro Social. Disparó un obús al izquierdo, otro al central y uno más al derecho; algo aniquilante que robó la admiración y sembró la emoción. En mayo 10, jugando contra Poza Rica, el artillero de la colonia Dale, en el primer juego, metió la pelota a las gradas en dos ocasiones. En el segundo juego, cuando disparó el tercer ‘’galletazo’’, la gente gritaba a rabiar. Más tarde, en ese mismo juego, el poderoso cañonero disparó una línea que llevaba lumbre y fue a caer a las gradas del jardín izquierdo. Espino implantaba la marca de más jonrones en un doble juego, totalizando 4 bombazos. 

EN EL PARQUE DEL SEGURO
Pero no paró ahí su grandeza, el jonronero estaba enrachado. Al siguiente día, mayo 11, los Sultanes abrieron serie contra Jalisco. En el primer desafío el bat de Espino, incontenible, sacó la pelota a la calle para su quinto cuadrangular y en el segundo encuentro, mayo 12, el toletero le echó el alma a un lanzamiento y la pelota zumbó arriba de la barda del central. Así implantaba la marca de más jonrones en 4 juegos consecutivos.
Y los récords caían hechos añicos bajo el tolete del chihuahuense. No hubo poder humano que lo parara. El temor que imponía Espino a los lanzadores enemigos le otorgó el liderato de más bases intencionales recibidas en 1964. La noche del 30 de julio los Sultanes se presentaron a jugar con el Aguila del Veracruz. Hasta entonces, el vigoroso bateador chihuahuense había metido 39 bombazos tras de las cercas. ¿Rompería el récord mágico de Ronnie Camacho?



Los cronistas deportivos del país, estaban pendientes –como siempre lo han hecho-- de lo que Espino escribiera esa noche con su bat. Cuando Espino fue a batear; reinaba un ambiente de emoción. El aporreador de Chihuahua había igualado el récord de Ronnie Camacho de 39 jonrones y la afición del país estaba atenta de lo que iba a suceder esa noche en el estadio de Veracruz.
El lanzamiento, y el bat tronó con una furia indescriptible. Cuando la pelota empezó a ganar altura bajo las luces de cuarzo, la gente emocionada y nerviosa se puso de pie y empezó a aplaudir y a gritar. El musculoso primera base de los Sultanes aminoró la carrera al pisar la primera colchoneta y mientras le daba la vuelta al campo, podía escuchar –como una tromba—el griterío de los aficionados.


CON ALIJADORES DE TAMPICO
Clemente Sungo Carrera saltó de la caseta y fue el primero en felicitarlo. Vivamente emocionado, el Sungo se echó en sus brazos. Luego fueron llegando todos los integrantes de los Sultanes.
La euforia de todos paralizó el partido. Aquel estacazo ponía a Espino a la vanguardia de los grandes carabineros de la Liga Mexicana y rompía el récord del sonorense. Esa noche se estaba escribiendo la historia y la pluma había sido el poderoso bat  de Héctor Espino.
El juego se detuvo por un instante. Un aficionado de Minatitlán, Roberto Romero Rendón, saltó al terreno para hacer entrega a Espino de la pelota con la que acababa de batear su jonrón número 40. Luego vinieron las entrevistas, los reconocimientos.
Los micrófonos de XEU de Veracruz lo entrevistaron y luego Sungo Carrera, con la voz quebrada por la emoción, felicitó a Espino por aquella que el manejador consideraba una brillante hazaña. Sungo Carrera fue el portavoz de los integrantes del Club Sultanes que se habían emocionado hasta las lágrimas por aquel trallazo mágico que lo ponía como jonronero absoluto de la Liga.

ESPINO Y SU HIJO

El licenciado Lucio Lira Lira, a nombre de la asociación de Cronistas de Veracruz, hizo entrega de un regalo como reconocimiento por sus ‘’altos méritos alcanzados en el deporte mexicano’’. También se acercó a Espino el fabricante de la pelota Búfalo, el querido don Herminio Vélez Roldán, en aquel entonces oficial de la Liga Mexicana, para entregarle un hermoso trofeo.
Fue una noche inolvidable para Espino y para la afición. Más tarde recibió de la Liga Mexicana un reloj de oro con sus iniciales, que él guarda con gran cariño. Pero la marcha arrolladora no paró ahí. Espino continuó despachando píldoras arriba de las cercas hasta arribar a la escalofriante cifra de 46 jonrones.”
Hasta allí la historia del libro del que sacamos estos muy interesantes párrafos.
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PARQUE CUAUHTEMOC DE MONTERREY 
Tres swings y tres jonrones. Y uno sobre cada una de las bardas. Héctor Espino, el jonronero mexicano más notable de su época, puso un gran espectáculo la mañana del domingo 24 de marzo de 1964 en el Parque del Seguro Social al conectar tres jonrones en un partido con el que empató el récord de la Liga Mexicana.
Esta proeza fue realizada por Espino en el segundo juego del día entre Sultanes de Monterrey y Diablos Rojos del México. Fue un encuentro que ganaron los Sultanes por amplio marcador de 12-1, y con el derecho Ramón López tirando juego de solamente tres hits.


ESPINO Y RONNIE 
El mismo Espino considera ésta como su máxima satisfacción. Dar tres jonrones en un partido jugando en un estadio de lejanas bardas, como el Seguro Social, es ciertamente algo de mucha importancia. La exhibición de este rey del trancazo mexicano se inició en la tercera entrada, cuando los Sultanes anotaron hasta seis veces. 

EL BAT MAS PODEROSO
Tomaron amplia ventaja y tres de esas carreras se debieron a un jonrón de Espino contra Eusebio Elizalde, sobre la cerca del jardín derecho. Un inning más tarde, Espino volvió a batear ahora contra el joven derecho Rafael Rodríguez. Había un hombre en base cuando Espino voló la barda del jardín central para su segundo bambinazo del día. Con ese garrotazo los Sultanes tomaron ventaja de 8-0.
Los aficionados solamente hablaban de Espino cuando volvió al cajón de bateo en la sexta entrada. Rafael Rodríguez seguía lanzando y nuevamente Héctor encontró un hombre sobre las colchonetas.
Entonces conectó el mejor de los tres jonrones. La pelota salió disparada hacia las nubes y terminó pegando en lo más alto de los anuncios del jardín izquierdo.


Añadir leyenda

Tres swings y tres jonrones. Espino fue felicitado efusivamente por el manager del Monterrey, Sungo Carrera, al doblar por tercera. Y los aficionados de ambos lados le dieron su mejor ovación. Acababa de empatar la marca y seguramente tendría oportunidad de batear nuevamente.


Fue en el octavo inning cuando Espino regresó a batear y se llevó el aplauso de los aficionados que trataban de estimularlo para que llegara a su cuarto jonrón del día.
Ignacio Martínez, pitcher derecho, estaba en la lomita del México y para entonces los Sultanes tenían una gran ventaja de 12-0 en el marcador. Los fanáticos no se habían movido de sus asientos y es que todos querían ver la oportunidad de Espino en busca de su jonrón número cuatro del partido.


ESPINO CON ALFREDO ORTIZ
Espino trató de aprovechar el primer lanzamiento de Nacho Martínez, pero no le dio bien a la bola y salió un rodado por la antesala que resolvió sin problemas el gran Leonardo Rodríguez.
Espino trotó de regreso a la caseta del lado de tercera y fue acompañado por los aplausos de la clientela que, de pie, se los tributaba como premio a su gran hazaña.
Un jonrón sobre la barda del jardín derecho.

Añadir leyenda

El segundo sobre la cerca del center. Y el tercero por el left. Poder ilimitado para cualquier barda del diamante. Una exhibición que solamente Espino podía dar en nuestro beisbol.
Ramón López, desde el montículo sultán, lanzó seis entradas sin hit ni carrera antes de aceptar un sencillo de Leo Rodríguez en la séptima. Luego, en la octava entrada, el México logró su solitaria carrera con un cuadrangular de Andy Rivera.
Monterrey ganaba 12-1 con los tres jonrones de Espino. Y cuando en el alegre vestidor sultán le preguntamos al manager Sungo Carrera sobre lo que había visto, dijo: --¿Espino? Espino es algo que no tiene nombre”.
No se necesitaba decir más. 
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ANGEL CASTRO
El lunes 9 de febrero de 1976 debe ser una fecha histórica del beisbol mexicano, ya que ese día, en el estadio de Santiago de los Caballeros. Hermosillo ganó la primera serie del Caribe.
El veterano de mil batallas, George Brunett, fue la carta escogida por Cananea Reyes y el gran lanzador, el único que tiró en la primera y también en la segunda etapa en esta clase de competencias, con sus lanzamientos adormilados hizo ver mal a los Tigres de Aragua. Los primeros en anotar fueron los mexicanos en la tercera, pero en el cierre los venezolanos empataron. De nuevo los Naranjeros timbraron en la sexta entrada, con dobles de Hairstone y de Richie  León, sobre el derrotado Bill Campbell, que explotó en la séptima al permitir que le anotaran cuatro carreras. De nuevo apareció Jerry Hairston con un sencillo productor de dos y un doble de Espino que mandó otra y con fly de sacrificio de Celerino Sánchez empujó la cuarta.

CANANEA REYES

Había nerviosismo en la novena cuando Enos Cabell abrió con single entre tercera y short, pero Brunett apretó los tornillos y dominó seguidamente a Marcano Trillo con la rola por tercera, a Tim Hosley con roletazo al short y el out 27 fue un fly al center de Faustino Zavala.
El festejo fue en grande en Santiago de los Caballeros.
Los mexicanos habían ganado a toda ley su primera Serie del Caribe.
Aquellos Naranjeros como Sergio Robles, Héctor Espino, Elliott Wills, Paco Chávez, Arnoldo de Hoyos, Jerry Hairstone, Rafael Ornelas, Richie León, Celerino Sánchez, Chester Lemon, Eddie León, Trini Aguirre, Chuck Gibbon, Vicente Romo, George Brunett, Rich Hinton, Pancho Barrios, Eduardo Acosta, Douglas Capilla y el manager Benjamín ‘’Cananea’’ Reyes, fueron recibidos en Hermosillo como verdaderos héroes.

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CAMPEON DEL CARIBE
Espino tomó parte en siete series del Caribe logrando un gran promedio de .445 con 46 hits en 155 veces al bat, con cinco dobles, cero triples, seis jonrones y 22 carreras empujadas.
Sus porcentajes fueron tremendos en seis de esos clásicos con .348, .667, .478, .536, .435, .474.
Finalmente, en la de 1982 en Hermosillo y en el parque que lleva su nombre, bateó sólo de 18-2 con porcentaje de .111. Al final del clásico se vivió un momento muy especial en el estadio, cuando algunos fanáticos abuchearon al gran Espino por no haber podido batear en su propio parque. Pero cuando se escuchaban los abucheos, los fanáticos que realmente conocen y entienden el beisbol y a sus actores, comenzaron a aplaudirlo. Era ya el final de la carrera de Espino, los últimos años, y el manager del Naranjeros, Tom Harmon, lo había dejado en la banca en los primeros partidos.
Espino estaba llegando al fin de una formidable carrera que le ganó  su entrada al Salón de la Fama en forma directa, sin necesidad de ir a las votaciones.


EL JOVEN ESPINO CON TUNEROS Y DOMINGO SANTANA
Memo Garibay lo manejó  en el equipo de Chihuahua de la Liga Nacional cuando Espino solo era conocido en Chihuahua. Era compañero de Pasitos Echeverría, otro que sería jonronero grande, y de Mike Brito, entonces cátcher y luego famoso y exitoso buscador. Espino dio jonrones y Garibay, que había llegado como manager del Tigres en 1959, lo recomendó a la organización, pero el jefe de la oficina, un hombre de apellido Zamacona, dijo que para qué gastar más dinero si ya los felinos tenían una academia funcionando en la capital. Por más  que insistió Garibay, no le hicieron caso.

LA ESTATUA DE ESPINO EN EL PARQUE MONTERREY

Y cuando vino en 1960 a la primera Liga Central solo con prospectos mexicanos, Espino fue firmado por el manager de San Luis Potosí, Domingo Santana, que ya lo había  visto. San Luis le tocó ser sucursal de los Sultanes de Monterrey y así que por un golpe de buena suerte el equipo regio se quedó  con el mejor prospecto que había en toda la liga.

BABE RUTH Y JORGE PASQUEL EN 1946 


Y de allí en adelante, todo fueron batazos y éxitos, comenzando una leyenda que nunca terminará. Los años han pasado, las décadas, y Espino es recordado en nuestro Beisbol como lo es Babe Ruth a nivel Ligas Mayores. Aquel domingo que supimos la noticia de su muerte todos los aficionados lo sentimos en lo más hondo de nuestros corazones. Se nos había  siendo el rey de nuestro Beisbol. El mejor bateador mexicano de todos.  

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