Por muchos años me ilusionaba al pensar que, con el tiempo, iba a poder tener un diario de solamente BEISBOL, lo cual resultó una idea imposible de realizar. Afortunadamente logré parte de mis sueños al poder armar una página de internet que me permite recordar a los grandes héroes y los momentos inolvidables que ha tenido el rey de los deportes en su glorioso pasado.

Tomás Morales Fernández

viernes, 31 de octubre de 2014


DON JORGE PASQUEL VISTO

POR EL GENIAL “FRAY NANO”

POR ALEJANDRO AGUILAR REYES

FRAY NANO

(Del libro sobre la vida de Jorge Pasquel editado en 1955 y en 

donde el gran cronista deportivo FRAY NANO escribe un 

capítulo.)

QUINTA PARTE

RESURGIMIENTO DE LA LIGA MEXICANA




FRAY NANO 
LA VIDA DEL AZTECAS, y por ende la hegemonía de Homobono Márquez terminó en el otoño de 1935, al fracasar financieramente una temporada que puede calificarse como la de mayor importancia que ha habido en México, por la calidad habida.
Fueron traídos un equipo de estrellas de la Liga Americana, que incluía grandes nombres, entre ellos Rogers Hornsby y Jimmy Fox, y el Crawfords de Pittsburgh, que acababan de ganar el campeonato mundial negro tras que se abrió la temporada jugando el Aztecas con el Houston, de la Liga de Texas.
Jugaron los dichos Estrellas y Crawfords primero contra los aztecas, cerrándose la temporada con una serie entre ellos, que ganaron los blancos 11-1. Con los Crawfords venían Josh Gibson, James Bell y Oscar Charleston entre otros. 


ROGERS HORNSBY
Terminado el Aztecas, servidor volvió a la carga, ahora con mayor apoyo por los hechos, de que la única forma de hacer verdadero beisbol era con ligas, y convocó a una reunión a los jefes de los principales equipos que venían actuando en la Liga Mexicana, para hacerles ver era la oportunidad que el circuito volviese al primer plano e incitándolos a hacer cambios en su estructura para que la situación fuese estable. Se hizo y el beisbol, según frase dicha en 1939 por el señor Agnes Ayres, entonces alto directivo en la Liga de Texas, ‘’subió en saltos increíbles. ’’


JIMMY FOXX
El proyecto de reforma incluía dar facilidades para que ingresaran equipos de fuera.
Ya así se hizo el torneo de 1936 y dos años más tarde, 1937, hubo necesidad de dividir la liga en dos grupo, por el gran número de equipos: doce.
Además, teniendo como base la región lagunera, se organizó la Liga Mexicana Norte y otra en la Región Centro.
Todo era floreciente. Los parques no eran suficientes. El Águila de Veracruz, que había ingresado al circuito en ese 1937, obtuvo el gallardete por haber traído al super estrella cubano Martín Dihigo, y repitió en el trono al año siguiente. Pero como siempre había sucedido, y ahora fue más fuerte que nunca, por razón natural de que el éxito también había sido mayor, abrazando de hecho todo el país, volvió a aparecer el ogro del deseo de dominio.

PRIMERA VEZ QUE VIMOS A GIBSON 

En los primeros dos años tras la reorganización, por el ingeniero Salvador Teuffer, antiguo catcher al que los vaivenes de la política habían elevado a un alto puesto en el Departamento Agrario.
Con mayores recursos a su mano, pudo contratar mejores players y obtuvo el campeonato de esa temporada de 1936, cuando se reorganizó el circuito en sus bases.
Como el año anterior también había obtenido el centro, su deseo de dominio, de que la liga se llevase como él quería, fue absoluto.
"PAPA" BELL


Más se apagó prontamente, por lo dicho que el Águila ingresó al circuito y trajo a Martín Dihigo, cuyo advenimiento significó un gran paso hacia el engrandecimiento de la Liga y por ende del desarrollo del beisbol en nuestro país. Pero al mismo tiempo, exacerbándose ese deseo de dominio, que no sólo aumentó, sino se multiplicó.
Más lamentable, porque la situación era que el beisbol en México al fin parecía ir hacia la grandeza y la estabilidad. Gente que merodeaba el cisma alrededor del Águila de Veracruz, quiso apoderarse del mandato de la Liga e hizo perder la cabeza al fan que había aportado los fondos para que se trajese a Dihigo y convirtiéndose en jefe del club, haciéndole ver moros con tranchete, pintándole a quienes conducíamos la Liga como enemigos acérrimos del veterano y glorioso club jarocho.


MARTIN DIHIGO
Así se empezó a gestar el cisma. Corriendo rumores que el Águila, al terminar la temporada de 1939, encabezaría la formación de otra liga, que llamarían del Golfo.


Sin embargo, pareció sólo eran rumores cuando al cerrarse la temporada, cuyo cetro quedó en poder del Córdoba, dicho jefe del Águila nada mencionó a los jugadores al liquidarlos, sobre su contratación para el año siguiente, e inclusive a algunos les dejó entrever no seguiría patrocinando el equipo. Carmona, que presidía la Liga, dio tal cosa como un hecho, tal vez precipitadamente, quizá por el deseo de agregar al movimiento beisbolero a su antiguo dinámico discípulo, que para entonces le había insinuado su deseo de ingresar a él, de cuyo dinamismo y recursos esperaba pudiera venir un nuevo ímpetu al deporte.


Carmona y el autor de estas líneas estábamos plenamente convencidos: ya el besibol requería personas de otra índole y más recursos, visto su florecimiento, para establecerse en forma debida, es decir, no detenerse en la rauda elevación que estaba teniendo.


CARMONA Y BRAGAÑA
Los hechos se desarrollaron muy rápidamente. Servidor había venido laborando ardua y acuciosamente en la manufactura de un proyecto de estatutos para la Liga, que juzgamos sería el paso decisivo para establecerla en forma debida. Enviamos copias del proyecto a todos los equipos, excepto el Águila, ya que Carmona, ignoramos con qué base o por qué causas, daba por un hecho que ya no se formaría para la temporada siguiente, y de ahí su anuencia para que don Jorge Pasquel tomara el club de Veracruz.
Todos los clubes a los que enviamos el proyecto, nos contestaron aprobándolo e inclusive algunos aplaudieron el trabajo; mas, desde luego, tendría que aprobarse oficialmente hasta la asamblea anual preparatoria, que por medio de circulares, Carmona y el que escribe habían citado para principios de enero de 1940, en esta capital.
También hasta esa asamblea tendrían que aceptarse o rechazarse las peticiones de ingreso, inclusive, desde luego, la del equipo que formaría Pasquel, en sustitución del Águila de Veracruz.
Don Jorge se mostró como era desde un principio, y ello condujo al cisma.


JORGE PASQUEL Y SUS AZULES
No esperó hasta la asamblea, como era lo indicado y debido, sino que en cuanto tuvo la anuencia de Carmona, se apresuró a contratar jugadores, empezando por los que le agradaban que habían actuado en el Águila en la temporada anterior, entre ellos, desde luego, el as Martín Dihigo, el cual no tuvo empacho en firmar, ya que no solamente nada le había dicho el jefe del Águila al liquidarlo al fin de la temporada de 1939, sino que había sido vilmente calumniado, juntamente con Chile Gómez, que era el manager del equipo, por el cronista de El Dictamen de Veracruz, ex jugador del Águila, quien era el vocero oficial del equipo y sus nexos con él no se ocultaban.


PARQUE DELTA
Es posible que si todo se hubiese concretado a eso, nada hubiese sucedido y al llegar la asamblea, al ver lo irremediable que no se formaba el Águila y había la petición de ese otro equipo del puerto de Veracruz, se le aceptase.
Pero a Pasquel le agradaba sobremanera un jugador del Córdoba y ya sea por ignorancia de los derechos que guardan los equipos sobre sus jugadores, o quizá conociéndolos, pero diciéndose que una situación creada es difícil de deshacer, ofreciéndole un sueldo fantástico, logró la firma de ese jugador del club campeón, y pese a faltar todavía cuatro meses para iniciarse la temporada, hizo que dejara inmediatamente Córdoba, donde tenía su residencia, para trasladarse al puerto, e hizo saber con el mayor estruendo posible, había logrado su firma.


Entonces vino lo que nadie esperaba, que no se creía pudiese acontecer: el Córdoba se unió al Águila para encabezar un movimiento tendiente a evitar que Pasquel pudiera poner equipo en la Liga y de paso desconocer a Carmona y servidor como los jefes de ella.
Por un modo u otro, inclusive ofreciendo la presidencia de la Liga al más difícil, Alijadores de Tampico, lograron la conquista de los dos equipos capitalinos, que eran Agrario y Comintra; el dicho club jaibo y él Gallos de Santa Rosa para hacer un movimiento rápido, que irremediablemente merece el título de cuartelazo.


LOS GRAYS DE JOSHUA GIBSON 
Llegaron a ver a Carmona inopinadamente y le suplicaron les permitiese reunirse en el local de la Liga para cambiar impresiones.
Carmona cayó en el engaño. Les fue a abrir y cuando se aprestaba a dejarlos, le dijeron el objeto de la reunión era designar una nueva directiva y procedieron a ello, sin dar tiempo a que Carmona hiciera algo.


Telefónicamente participaron la designación a los periódicos, que salvo uno que había venido incitando a un movimiento así, por rivalidades de oficio con el que escribe, se extrañaron de la designación, pues nada sabían de la junta y esperaban la asamblea a la que, como queda dicho, se había citado oficial y legalmente.
Incluyéndose el Águila, que todo mostraba ya no se integraría, pero oficialmente no lo había avisado, eran siete los equipos que legalmente formaban el circuito, los que habían tomado parte en la competencia de 1939.
Conforme lo citado, para ese movimiento contaron con seis de ellos, faltándoles sólo Monterrey, que sólo llevaba un año en la Liga.


MARTIN DIHIGO
Dada esa mayoría, parece lo lógico hubiese sido esperar a la asamblea y no dar el cuartelazo en la forma dicha. Es muy posible obraron así por temor que en la asamblea, al discutirse serenamente las cosas, esa unión se resquebrajara.
Desde luego, tenía grietas. El Gallos de Santa Rosa, al día siguiente hizo saber no iba de acuerdo con lo hecho y que había sido engañado, pues los del Córdoba habían recogido a su representante, con un engaño similar al usado con Carmona, o sea que sólo se trataba de cambiar impresiones. Monterrey, club que estaba patrocinado por un dilecto grupo de hombres de negocios, que encabezaba don Aurelio Ferrara, hizo saber sin tardanza su reprobación a lo efectuado, manifestando seguía reconociendo a Carmona como Presidente de la Liga y a servidor como Comisionado y que sólo en la asamblea a la cual se había citado oficialmente podrían hacerse las cosas con legalidad.

EL PARQUE DELTA, LA PIEDRA DE TOQUE

PERO EL GRUPO CISMÁTICO, pensándose con todos los triunfos en la mano, no quiso dar un paso atrás.
Quedó la situación, por un lado cinco de los siete clubes que habían integrado la Liga en su temporada anterior y por el otro lado sólo dos, Monterrey y Gallos, más los directivos.
Bajo el punto de vista legal, había que considerar miembros a los siete, hasta la asamblea a que se había citado, que se consideraría como renunciantes a ella a los que no se presentasen.
Prevaleció la situación. Los cismáticos completaron su número a seis, con Puebla, que había presentado solicitud de ingreso poco después de terminada la competencia anterior y de hecho podía darse por segura su aceptación.

Los personajes que operaban el Monterrey, magníficamente relacionados, obraron rápida y acertadamente, consiguiendo se pararan clubes en Nuevo Laredo y Torreón, con debido respaldo.
Se decidió por lo pronto sólo hubiese un club capitalino, el México, cuyo mando se encomendó a Carmona, que para ello dejó la presidencia de la Liga, para la cual fue designado el licenciado Eduardo Ampudia V., al cual ya hemos citado antes, quien había sido pitcher del México anterior.
Con ellos, el Santa Rosa y el Veracruz de Pasquel, se completaba también media docena.


El dilema, la piedra de toque, era el Parque Delta, pues bajo el supuesto de que no pudiese contarse con el parque de Veracruz, el equipo de los Pasquel jugaría en México.
La compañía de Luz y Fuerza, dueña del parque, no sabía qué hacer y decidió lavarse las manos, indicando daría el parque a aquel grupo que la Confederación Deportiva decidiera tenía derecho al nombre de la Liga Mexicana.
Realmente no era un cuerpo indicado para ese fallo trascendental, pues la Confederación controla el deporte amateur y se trataba de profesionales.
Lo curioso fue que rindió su fallo cuando ya nada importaba. Obrando con ese dinamismo que fue peculiar en él, la base principal de su éxito, don Jorge Pasquel llegó un día triunfalmente a la casa de servidor, levantando en alto un rollo de papeles: copia de la escritura que acababa de firmarse, de la compra del Parque Delta.


PARQUE DELTA
Advertiremos al mismo tiempo se había procedido a buscar terreno para edificar un parque, por si fallaran las gestiones que se hacían para conseguir el Delta.
El grupo cismático no tuvo otro remedio que proceder a lo mismo, cuando se hizo pública la compra del Delta por don Jorge Pasquel.
Y poco después, otra vez la ancha sonrisa en la cara de don Jorge:
--Los cismáticos tendrán que irse a jugar a la bahía. ¡También había logrado la compra del parque de Veracruz! No fueron a jugar a ella, pero sí muy cerca y con tan poco éxito como si fuese ahí. Tuvieron que recurrir a un terreno con unas graditas insignificantes, dentro de los límites de la región aduanera.
Aquí en México, cometieron el error de hacer su parque, por ser el terreno más barato, en la región este, sobre la carretera a Puebla.
Olvidaron nunca en México había podido prosperar un parque que estuviese más al este de la Estatua de Carlos IV, para lo cual hay múltiples razones, que no vemos necesario citar en estas líneas.

FRACASO DEL CISMA

ANTES DE SEGUIR ADELANTE,  debemos decir que antes del cisma, en los proyectos, se encontraba que en Veracruz hubiese dos equipos, si el Águila decidía continuar, lo que era muy de dudarse, según las apariencias.


Inclusive se pensaba volver a la norma de dos años antes, de admitir más ciudades, formándose dos grupos, pues el terreno era propicio para ello, sobrando las solicitudes.
Si ya en situación de cisma, los dos grupos pudieron completar media docena, sólo es lógico pensar lo mismo, cuando menos, hubiese sido estando las cosas en paz.
Pero siendo uno de los principales coautores del cisma y de hecho su inspirador, el cronista del único diario del puerto de Veracruz, y dada la adoración justificada que hay en el puerto por su Águila, el club de Pasquel –pese a ser el mejor, por mucho, que nunca hubiese sido parado en el puerto --, no podía tener simpatías.
Ese nefasto cronista presentó las cosas como si fuese un movimiento para acabar con el Águila.
El público jarocho se abstuvo de ir a ver el nuevo equipo y don Jorge decidió prontamente abandonar el puerto, por incosteable, clausurando el parque y traer el club a la metrópoli, donde el público, que es muy diverso al de provincia, sólo vio en él su categoría, la calidad de sus integrantes.
Por otra parte, el México, cuidadosamente parado, subyugó al público desde el preciso momento de su presentación en la metrópoli, la cual hubo de retardarse, pues las graderías del Parque Delta estaban casi en ruinas y necesitaron una reparación que obligó al club jugara las primeras semanas fuera.


El éxito fue rotundo, en tanto el lejano parque de los cismáticos, al que en un principio había ido alguna gente, por conocerlo y no haber otra actividad deportiva, en cuanto el Delta empezó a funcionar, se vio desierto y se supo sólo sería cuestión de tiempo que el grupo cismático se liquidase. Tampico fue el primero en abandonarlo; el gremio de Alijadores no pudo hacer frente a las pérdidas y para reponerlas cedió su equipo y rentó el parque a un grupo de capitalistas, dos de ellos regiomontanos y amigos de los caballeros que operaban el club de Monterrey.
Después siguió el Puebla, cuyos propietarios vendieron el parque a don Jorge y cedieron su equipo a don Castor Montoto, distribuidor de los autos Buick y Chevrolet en el estado y regiones adyacentes.
Continuará.




No hay comentarios:

Publicar un comentario